
Ocurrió en 1.952
Aquel día de otoño, cuando la tarde quiere hacerse mayor, mi madre subió la desvencijada escalera de madera que le conducía a la azotea de la casa. Esa escalera, de niño, me parecía fantasmal, digna de la mejor morada de la reina de las brujas.
Pretendía recoger las ropas de la colada y que suponía ya secas.
En un instante, la tranquilidad que se respiraba en aquel sevillano corral de vecinos, se vio alterada por los gritos de mi madre.
¡ Un hombre ¡ ¡ Un hombre ¡ ¡ En la azotea hay un hombre ¡ gritaba mientras bajaba apresurada y llena de pánico, aquella maldita escalera.
Los gritos retumbaron por todos los rincones de la casa. Pronto el patio principal fue un hervidero. Mujeres, niños y algún que otro vecino, se arremolinaron en el lugar donde mejor se divisaba la barandilla de la azotea. ¿ Será un ratero ? ¿ Será un mantequero ? Será… ? ¡ Vamos a subir ! decían unas. ¡ No, no, que suba Paco ! ¡ Llamad a Paco ! gritaban otras.
Y apareció la imponente figura de Paco el taxista. El ángel salvador habitaba en esta casa de la preciosa plaza de San Juan de la Palma, y había llegado, y los ánimos se calmaron un poco.
Paco se encaminó hacia la escalera. El silencio se adueñó del patio, sólo se oían las retumbantes pisadas de una mole humana en los ruinosos peldaños.
Todas las miradas apuntaban hacia el pretil de la azotea. La expectación fue máxima, se vaticinaba una tragedia.
Paco se asomó al patio y gritó: ¡ No se asusten ustedes, que no es un hombre, es un mono !
Aterrorizadas, presas de pavor, todas las vecinas corrieron a sus habitaciones. El ruido de puertas y ventanas al cerrarse fue ensordecedor. El silencio volvió a reinar, el patio quedó vacío. Recuerdo que mi madre encendió una lamparilla que, por aquel tiempo, se dedicaba a los difuntos. Supongo que para pedir el auxilio del más allá.
El pobre Paco, héroe desolado por el abandono, se encaminó hacia el tendedero, cogió el mono y con rabia lo arrojó al patio.
Al poco, la prenda de trabajo de color azul, fue recogida por su dueño.
La risa contagiosa de Luisa la casera, puso música a un festivo y feliz punto y final al equívoco.- Historia verídica.


Genial!!!!! , jajajajajajajajaja
ResponderEliminarLo releo y me vuelvo a reir...
ResponderEliminarEres un buen hijo.
ResponderEliminarJajajajajajajaja todo un héroe ese Paco!!! jajajajajajajaj
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